Viaje destino a Ítaca


Recuerdo el año del mundial de fútbol donde descubrí a Naranjito, conocí también a un personaje nuevo en una de esas series de dibujos animados que tanto me gustaba seguir las tardes de sábados y domingos. Se trataba de Ulises 31, una serie donde una especie héroe espacial con el pelo y barba a lo Sandocan llamado Ulises, viajaba por el espacio junto a su hijo Telémaco. Los dioses le habían condenado como castigo por haberse cargado el Cíclope (una arma secreta estelar muy chunga), a bagar por el Universo abordó de la nave espacial Odiseus hasta que cumpliera una serie de pruebas.

Ulises 31 (Ulises, Telemaco, Nono y Thais)

Ulises 31 (Ulises, Telemaco, Nono y Thais)

Poco después y casi a la par, di con el mismo personaje en una vieja película de los años cincuenta, en ella Ulises ya no viajaba en traje espacial, ni usaba una espada láser, ahora vestía un tipo de “túnica taparrabos” al estilo Tarzán, sandalias de tirillas de cuero y un cinto de piel donde envainaba una espada que ya no era láser sino de acero. Era pelirrojo, de pelo corto y ondulado, y bajo una barba color zanahoria bien afeitada, se adivinaba una especie de hoyuelo a la altura de la barbilla. Mi padre que entre ronquido y ronquido, solía ver alguna escena de aquellas películas, le hacía mucha gracia todo lo que hacía aquel señor, recuerdo también que no lo llamaba Ulises sino “El Kir Duglas”.

Ulises (película de 1954 con Kirk Douglas y Silvana Mangano)

Ulises (película de 1954 con Kirk Douglas y Silvana Mangano)

Con los años estudié y aprendí la historia real de aquel héroe viajero, supe también que no era una historia real, sino que se trataba de un mito que formaba parte de “La Odisea” de Homero, un poema épico escrito ocho siglos antes de Cristo. Supe que la historia iniciaba con el fin de la guerra de Troya, cuando tras más de diez años de guerra, Ulises regresa a su reino, una isla griega llamada Ítaca, para encontrarse de nuevo con su amada Penélope.

Itinerario de regreso a Ítaca

Itinerario de regreso a Ítaca

Su regreso a casa, será un largo viaje que durará más de diez años, en el que visitará el país de los Lotógafos, llamados así porque eran adictos a comer flores de loto. En la isla de los cíclopes, despertará la ira de Poseidón al dejar ciego a su hijo Polifemo, un cíclope gigante con muy mala leche que se comerá alguno de sus compañeros. También se encontrarán con los llamados Lestrigones, unos gigantes caníbales que como era de suponer se los querrán comer. En la isla de Eea, conocerán a Circe, una poderosa hechicera qué intentará convertirlos en animales, pero que acabará enamorándose de Ulises y ayudándolo en su viaje de vuelta.

En la cueva de Polifemo

En la cueva de Polifemo

De nuevo en camino, pasará junto a la peligrosa Isla de las sirenas, donde se tapará los oídos con tapones y se hará atar al mástil del barco, para evitar ser hipnotizado por sus temibles cantos. Durante años permanecerá preso en la isla de la ninfa Calipso, hasta que sea liberado gracias a la intervención de la diosa Atenea. Finalmente tras más de diez años de aventuras y peligros, llegará a su amado reino de Ítaca, donde disfrazado de mendigo y con la ayuda de su hijo Telémaco, acabará con aquellos nobles que pretendían a su amada Penélope.

Sirenas

Sirenas

No hace mucho leí un poema titulado “Itaca”, era un poema de un autor para mí desconocido, Constantino Kavafis, un poeta griego nacido hace casi dos siglos y al leerlo entendí el sentido que hay detrás de esta historia. Lo cierto es que no importa que algo se ciña a la realidad o no, que una historia sea real, un mito o una leyenda, lo importante es comprender el mensaje que hay detrás de cada historia y que éste pueda dar sentido a la nuestra. No importa que el Ulises de mi infancia luche en el espacio interestelar, o que el Polifemo de la película, pareciera más a uno de los Trols de David el Gnomo, que a un Cíclope gigante. Lo realmente importante es que gracias a ello comprendí que si importante es el destino, mucho más lo es el camino, que nada interesante pasa allí donde nos sentimos seguros, que el viaje comienza en el momento de decidir que vamos a hacerlo, y termina cuando entendemos que no hay límites para comenzar uno nuevo.

Ítaca

Constantino. P. Cavafis. Antología poética.

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

A %d blogueros les gusta esto: