Kolams que se van con el viento.


Paseando por la bulliciosa Ranganathan street de Chennai (India), descubrí una tradición milenaria, denominada “Kolam”. Se trata de unos diseños geométricos temporales dibujados en el suelo, que consisten en una serie de bucles curvos trazados alrededor de una cuadrícula hecha de puntos. Para ello se emplean una serie de harinas de arroz, trigo u otro tipo, de polvos blancos o coloreados. El propósito de estos Kolams, es uno de los más encantadores por el que se puede hacer algo.

Cada mañana, las mujeres miembros de familias hindúes, dibujan Kolams en el frente de sus casas o comercios. Esto se hacen después de limpiar el piso con destartaladas escobas sin mango y luego de lavarlo con agua. Primero presentan la cuadrícula con puntos, y sobre esta, sin levantar apenas las manos del suelo, dibujan en un santiamén, unos bellos y elaborados diseños. Durante el día, los Kolams se erosiónan y borran por el paso de la gente, el viento o la lluvia… Pero a la mañana siguiente uno nuevo reemplaza al anterior y el rito comienza de nuevo.

Como siempre, estos Kolams no son únicamente decorativos, tienen además una importancia cultural. Están destinados a traer la prosperidad a casa y además son símbolos de bienvenida, vamos algo así como un San Pancracio para los católicos. Hay muchos otros propósitos, pero el siguiente es particularmente cautivador y probablemente también sea cierto.

En días muy lejanos, se dibujaban Kolams de harina de arroz, para que las hormigas pudieran comer, evitando a la vez que entraran en las casas. También para atraer pajarillos y otro tipo de pequeñas criaturas. Por tanto, acoger otras formas de vida junto al hogar, simbolizaba la armonía y la coexistencia en paz de uno mismo con la naturaleza. Mientras que  dibujar cada día un Kolam, recordaba que todo cambia o acaba y nada es permanente.

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Séptimo día (El viajero del Sol)


La vuelta a Islandia en 8 días (02-07-2015)

Reykjiavik.

La última parada en Islandia será en su capital, Reykjiavik. Al llegar la saludo y por el poco tiempo que estaré casi me tengo que despedir. Pienso que en mi último día, mejor no hacer planes, así que será perfecto aquello que me encuentre. La ciudad no es grande, ni compleja, ni peligrosa, se deja ver y visitar con facilidad. Me dejo llevar por sus calles, con el mapa de la ciudad en el bolsillo, los sentidos bien alerta y el deseo de ser sorprendido.

Cuéntame un cuento sobre Trolls

Cuéntame un cuento sobre Trolls

Pronto doy con una de sus calles principales, se trata de Laugavegur, una calle bulliciosa donde turistas y autóctonos transitan y se mezclan por igual. Ese día el Sol, auténtico viajero en esas tierras, decide visitar la ciudad. Los oriundos del lugar lo saben y no desperdician la ocasión, se quitan sus mejores galas y saludan al día en mangas de camisa.

Uno se relaja paseando entre tiendas y restaurantes, no hay prisa y todo está bien, visito una librería con cierto aire antiguo, donde libros sobre naturaleza, costumbres e historia del país, llenan expositores, baldas y estantes que llegan hasta el techo. Tomos con tapas en tonos ocres y verdes, el verde esmeralda lo llena todo, letras doradas de estilo vikingo se entrelazan formando filigranas en sus lomos. Todo recuerda a tiempos antiguos, a héroes de leyenda y a conquistas de lejanas tierras. Es agradable estar allí, me entretengo viendo, tocando y ojeando alguno de esos libros. Después de un rato compro una camiseta del volcán de nombre impronunciable y me voy.

Sigo recorriendo la ciudad, mis pasos me lleva ahora hasta Tjörnin, un pequeño lago situado en el centro histórico de Reikiavik, punto de encuentro, y de esparcimiento de sus gentes. El moderno ayuntamiento preside el lugar y entorno al lago, se alinean edificios oficiales y elegantes embajadas que parecen querer dar la bienvenida a quienes por allí transitan. En la iglesia de Fríkirkjan a orillas del lago, se celebra un funeral y a pesar de que me asalta la idea de la muerte, uno siente que la vida en la ciudad pasa con normalidad.

Dejó el lago y me dirijo a la catedral, su torre repunta al final de Skolavordustigus, otra de las calles principales. En la distancia diría que es un tanto extraña, algo así como una mezcla de nave espacial, castillo de arena y palacio de Frozen. Al pasar por un estudio fotográfico veo una foto que confirma mi teoría, en ella un astronauta posa junto a la torre como si fuera Neil Anstrom junto al módulo lunar. El exterior de la catedral lo forman decenas de columnas hexagonales que imitan la roca basáltica que se encuentra por todo el país, y aunque parece que estuviera hecha con las piezas de un Lego, al final uno acaba comprendiendo el sentido de aquel edificio.

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El centro de Reykjiavik está lleno de pequeños bares, restaurantes y pubs, merece la pena pararse en uno de ellos a descansar y tomar algo, yo lo hago mientras escribo y hago ejercicios de memoria para retener lo vivido. Me gusta recordar aquello bueno que pasa por mi lado, porque los buenos recuerdos con el tiempo reconfortan.

Por la tarde recorro el paseo marítimo, el moderno Skyline de la ciudad contrasta con el mar y las montañas nevadas al fondo. Camino hasta llegar a “El Viajero del Sol”, se trata de un drakar vikingo de aluminio, en cuyo esqueleto de metal se refleja el sol. Aquellos ágiles barcos surcaron mares, lagos y ríos, descubrieron territorios nunca antes explorados, llegando a lugares nunca antes imaginados. Aquel barco es una oda sobre cómo lograr los sueños, es un canto a la libertad, es saber que aunque la desesperanza viaje en ocasiones en su ancla, la esperanza viaja siempre en sus grandes velas.

Me dirijo ahora a el puerto donde contempló el Georg Stage, un navío de vela de la armada Danesa. Lleva unos días en puerto y celebra una jornadas de puertas abiertas. Pienso en lo hermosos y elegantes que eran esos barcos, navegaban con el viento y las corrientes en un tiempo donde el viaje era aventura en estado puro. En el exterior, justo al lado del buque visitó una exposición al aire libre sobre la vida en el mar, cuenta también la historia de aquellos barcos que perecieron en las costas Islandesas, eso me dice que el mar en estas tierras es duro, no perdona ni hace amigos, ni siquiera a aquellos que lo miran y lo tratan cada día, aquí el mar es alguien a quien se ama se teme y se respeta a partes iguales.

Acabo el día visitando un centro de exposiciones, de estos tipo “El Cursal” de Donosti, pareciera que hoy en día cualquier ciudad que se precie, ha de tener uno. En este caso se trata de un edificio cubico con cristales “tipo pavés” pero a lo bestia.

Tomo un café y pienso en lo que ahora escribo, pienso en cómo acabaré este relato y este viaje. Dicen que la vida es aquello que pasa en este momento a nuestro lado sin que muchas veces nos demos cuenta, pero también dicen que quien no recuerda, no ha vivido, así que hoy, casi cuatro meses después de aquel café, finalizo escribiendo lo que no deseo olvidar, finalizo con la frase que inspiró su inicio, finalizo con aquello que me impulsó a marchar…

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Ese es el propósito de la vida…

“Ver mundo, afrontar peligros,

Traspasar muros, acercarse a los demás,

encontrarse a sí mismo y sentir…

Ese es el propósito de Life…”

Sexto día (rinoceronte negro)


La vuelta a Islandia en 8 días (01-07-2015)

Akureyri, iglesia de Viđimyri, península de Vatnsnes y acantilado de Hvítserkur.

Aquel día tocaba completar el Golden Ring. Tras desayunar el tradicional english breakfast a base de colesterol, bacon crujiente, huevos revueltos y una especie de boquerones que no estaban nada mal, me dispuse a preparar el itinerario. Retiré los restos del desayuno y extendí el mapa sobre la mesa, medí en palmos la distancia recorrida y la distancia pendiente, conté los lugares que no había visitado todavía y concluí que no sería posible hacerlo todo en un día. Supe entonces que si quería completar el recorrido, tendría que dar un tajo a mi anillo dorado. A pasar de eso, decidí continuar con el planing previsto hasta el momento que tocara retirarse.

Rinoceronte negro (esta no es mía)

A pocos kilómetros del hotel se encontraba Akureyri, una de las ciudades más grandes de Islandia, concretamente la mayor al norte, aunque en este país la palabra “grande” hay que ponerla en contexto ya que no existen ni ciudades demasiado grandes, ni demasiado pobladas. Akureyri es uno de los principales puertos comerciales del país y se encuentra protegido por los fiordos del norte, lo que le da la ventaja de que sus aguas en invierno no se congelan.

Bajo el gorro de mi chubasquero visité la ciudad mientras una fina lluvia acompañaba mis pasos. Sus calles llenas de pequeñas tiendas y comercios, se transitaban por aceras decoradas con maceteros repletos de margaritas que colgaban de farolas y fachadas. El arte urbano que asomaba entre los rincones más tristes de la ciudad, junto con antiguos edificios comerciales forrados en chapa de vivos colores, trataban de dar luz a un día, que oculto tras las nubes, se empeñaba en no dar tregua.

Caminado por su calle principal Hafnarstraeti, pasé por un bar llamado Laundromat donde una especie de vikingo como sacado de una película de Mad-Max, me saludaba con una pala en la mano. Aunque lo curioso aquí no era el vikingo, sino sus clientes, gentes de todas las nacionalidades, indios, moros y cristianos que en un extraño silencio y pese a la lluvia, abarrotaban la terraza del local. Estaban todos conectados a sus teléfonos móviles, pero desconectados de todo lo demás. Hice unas cuantas fotos por que me pareció curioso, creo que nadie se molestó por que entre otras cosas nadie se percató de mi presencia.

Conectados

Conectados

No recuerdo mucho más sobre Akurey, salvo que seguía lloviendo al dejar la ciudad, y que justo a la salida paré a una chica que bajo la lluvia hacia auto stop, se trataba de Katherina, una chica austriaca que viajaba con mas tiempo que dinero. Se dirigía a unos baños que no aparecían en mi mapa, pero que estaban en la misma dirección que yo llevaba, le expliqué cual era mi itinerario y aunque se desviaba un poco de su caminó, decidió unirse a mi. Llevaba un mochilón en el que había conseguido meter todos los trastos, y del que no supe su verdadero peso hasta que al echarlo al maletero del coche noté como éste descendía medio palmo, también noté cómo la docena de huevos que había comprado en mi primer día de viaje, quedó aplastada pringándolo todo.

Katharina disfrutaba viajando de ese modo, le gustaba visitar lugares que no aparecían en los mapas y mezclase con pescadores, ganaderos y granjeros de pequeños pueblos y aldeas. Había visitado granjas donde había montado a caballo, ordeñado ovejas y preparado queso. Me contó que Islandia no es un país famoso por sus quesos, ya que las ovejas principalmente las tienen para producir lana. Durante el verano pastan sueltas por prados y colinas, y con la llegada del invierno se organizan entre los granjeros partidas a caballo para reunir el ganado y llevarlo a las granjas. También me contó que los caballos únicamente se utilizaban para esta función y que el resto del año lo pasan pastando libremente. Esto último no sé si es exactamente así, por que al día siguiente en Reykjavík un servidor se arreó un buen chuletón de potro.

Caballos islandeses pastando

Caballos islandeses pastando

Yo quería visitar una de la iglesia más antigua de Islandia, se trataba de la iglesia de Viđimyri situada en el pequeño pueblo de Varmahliđ, la cuestión es que al llegar a Varmahliđ, no hubo forma de encontrarla, normalmente existen señales que indican los puntos de interés, pero en este caso por sorprendente que pareciera no era así. Después de 20 minutos de intensa búsqueda, opté por lo más práctico en estas ocasiones que es preguntar… Paramos en una tienda y la tendera con el mapa sobre el mostrador nos indicó el punto exacto dónde debíamos dirigirnos.

 iglesia de Viđimyri

iglesia de Viđimyri

Así fue, y siguiendo las indicaciones en 2 minutos nos presentamos ante la pequeña iglesia. No se trataba de una iglesia al uso como las que podamos imaginar, hecha en piedra y la fachada decorada con estatuas de santos, columnas, ventanales y pórticos de distintos estilos… Se trataba de una iglesia hecha en madera, con paredes tabicadas de bloques de turba seca y el tejado forrado con una alfombra de hierba fresca y pequeñas florecillas. La turba es el elemento más abundante y mejor aislante para los fríos del invierno islandés, por lo que hasta no hace mucho tiempo, era el principal elemento constructivo en las viviendas del país.

Aunque se trataba de una iglesia del Siglo XII, más bien parecía la casa de un vikingo. En el alero de la fachada, justo donde su tejado a dos aguas se unía, se entrelazaban lo que parecían las cabezas de dos dragones. Contemplando el edificio uno no podía dejar de imaginar a Viki el Vikingo correteando por el lugar espada de madera en alto, o a Panorámix el druida, removiendo su caldero con esa poción mágica que nunca podía probar Obelix.

De nuevo en camino, encaramos una enorme recta y casi al final de ésta observé una figura moviéndose de extraña manera, no se trataba de un peatón y tampoco de un ciclista… poco antes de rebasarlo adiviné que era alguien sobre un monopatín.

-¡Vaya, mira un tipo como Walter Mity!… le dije a Katherina.

-Le conozco-, me contestó ella, -Se llama Mario, es italiano y recorre el país en monopatín… Anteriormente hizo el Camino de Santiago y antes de eso cruzó Italia de norte a sur…-.

Por la cara con la que lo contaba comprendía que hablaba en serio, aunque aquello no evitó que soltara una carcajada, no por que me pareciera rara la idea (que también), sino por pensar que en muchas ocasiones los grandes logros no se consiguen con la fuerza, sino con la constancia.

Llegamos a la península de Vatnsnes se trataba de un lugar casi despoblado, rodeado por una pista de graba que conecta las pocas granjas que la poblaban. El paisaje lo formaba llanuras repletas de altamuzes de Alaska, pequeños bosques en miniatura de flores acampanadas color púrpura, que se mezclaban entre el musgo, los líquenes y el azul del cielo. Un azul que se volvía cada vez más intenso, a medida que más al norte nos hallábamos. Mientras tanto desde el coche, contemplábamos el paisaje y oteábamos la costa plana y rocosa en busca de focas moje.

No tardamos mucho en divisar una colonia que en la distancia y sobre unos islotes rocosos, dormitaban como sacos de patatas. Al observarlas con los prismáticos no pude evitar pensar en lo torpes que estos animales son en tierra y lo increíblemente ágiles que se muestran en el agua. Protegidos entre las rocas del fuerte viento nos dispusimos a comer teniendo como testigos el grupo de focas, al que no parecía importarles lo más mínimo nuestra presencia. En mitad de nuestro “camping playa invernal”, me fijé en los guantes de lana de Katherina, estaban llenos de agujeros, por los que asomaban todos los dedos.

-¡Vaya, se parecen a los de Charlot!- le dije…

-Eran nuevos al llegar aquí- me contestó, y al tiempo que contestaba, yo me fijaba en mi guante derecho, y cómo había comenzado a deshilacharse la punta del dedo gordo…

-Tal vez esta tierra tenga algún extraño efecto desgastando guantes- me dije a mi mismo… y mientras me sumía en esos absurdos pensamientos, nos dispusimos a tomar un té verde con sabor a manzana.

Seguimos rodeando la península, hasta llegar al acantilado de Hvítserkur, era una roca basáltica de 15 metros de alto, varada en una playa de arenas negras. El mar había horadado dos agujeros en su base, lo que daba la impresión de estar viendo un rinoceronte negro bebiendo agua a la orilla del mar. Las gaviotas y fulmares que anidaba entre sus grietas parecieran ser aves que libraban de parásitos al animal y las machas grisáceas de los excrementos, cicatrices de viejas peleas. Por lo visto la forma tan curiosa de ésta roca y su posición solitaria en mitad de la playa, hace que sea uno de los puntos más fotografiados del país.

Esa noche al llegar al hotel quise conocer más acerca del rinoceronte negro, lamentablemente las ultimas noticias sobre este animal no eran nada buenas, debido a la caza indiscriminada y al tráfico negro de sus cuernos, la especie fue declarada extinta hace un par de años… tal vez todavía quede uno pensé aquella noche, y tal vez lo podamos encontrar en el lugar que uno menos se lo espera.

Proseguimos hacia el oeste, quería llegar a sus fiordos aquella noche y visitar su costa, con sus acantilados, sus pueblos pesqueros, y su playa dorada… De camino paré a reposar en un pueblo cuyo nombre no anoté y ahora me resulta imposible de recordar. Su gasolinera estaba formada por un único surtidor al aire libre, era la única en 100 km a la redonda, la señora que la atendía atendía también un comercio un poco extraño, era una especie de bazar chino pero en plan bohemio y sin los chinos. Tenían las colecciones más extravagantes que te puedas imaginar, una colección de enanos de jardín, colecciones de fósiles tipo escarabajo y caracol, minerales de todos los colores, muñecas antiguas de estas que dan miedito… en fin eso y toda clase de ropa tipo grunge. A Katherina le encantó, pero todavía le gustó más un cartel donde se anunciaba alojamiento barato con baño termal incluido, no se lo pensó dos veces y decidió quedarse. Nos deseamos buen viaje y nos despedimos.

Al reanudar mi camino de nuevo, supe que debía decidir entre continuar hacia el oeste o bajar hacia el sur dirección Reykjavík donde mi viaje finalizaría. Estaba cansado de tanto kilómetro, era ya tarde y una agradable sensación de satisfacción por la experiencia vivida me acompañaba, además siempre que visitó un lugar que me enamora me gusta pensar que un día volveré, aunque al final seguramente no sea así… Finalmente tras dar dos vueltas a una rotonda tome la salida con dirección a su capital, y mientras lo hacía pensaba que esta vez sí, que esta vez volvería para ver aquella playa dorada.

Volveremos

Volveremos

Quinto día (ballenas)


La vuelta a Islandia en 8 días (30-06-2015)

Husavick, lago Mývatn, fumararolas de Namafjall y gruta de Grótagjá.

Me alojé en una casa de huéspedes con nombre español llamada “El Árbol”, cosa que no dejaba de ser curiosa en un país en el que los nombres de origen latino no abundan. He de decir también que a día de hoy, y a pesar de haberme alojado en una, no sé exactamente qué es una casa de huéspedes, y como considero esta información de cierta relevancia para futuros viajeros, la he buscado en la Wikipedia.

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Aparentemente una casa de huéspedes es algo similar a una fonda, esto es, compartes la vivienda particular con los inquilinos, y algunos de espacios son comunes. En Islandia esta es una modalidad de alojamiento bastante habitual, en este caso yo disponía de una habitación y compartía baño con otros huéspedes. Otra de las normas de la casa era que había que descalzarse a la entrada. El calzado se dejaba en una especie de banco, colocado por parejas y bien alineado, vamos como el de día de Reyes por Navidad. Lo de ir descalzo por ahí, personalmente es algo que me gusta hacer en casa, pero no en un hotel, y menos de esos que tienen moqueta que cuando la sacudes, sale polvo y otras cosas, y es que el ecosistema de ácaros y bichos microscópicos que ahí se pueden generar, da seguro para un documental de los de la 2.

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El desayuno se servía en el salón dividido en varios apartados. Mi mesa tenía vistas al jardín, desde donde se veía un pequeño puente de madera con arco de medio punto por el que pasaba un riachuelo. El bufet se presentaba sobre pequeños platos, bandejas y canastillas, todos sobre paños de tela, hechos a ganchillo, aquello me recordaba a los hoteles franceses de estilo “Pin y Pon”. Vamos que aquella casa era lo que ahora se viene denominando como algo “muy cuqui”

Aquel día solamente tenía un objetivo, y este no era otro que el de ver ballenas. Por lo visto Islandia es una país donde se pueden avistar ballenas y donde junto con Japón y Noruega, está permitido su caza y consumo. Su carne es algo que se encuentra con cierta frecuencia en algunos restaurantes (Reikiavik principalmente), donde se cocina de diversas formas. La actividad comercial de Husavik gira en torno al avistamiento de ballenas, por lo que su caza desde este puerto, por razones obvias, es algo que no se da.

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Me dirigí al puerto y antes de llegar, te encuentras con una pequeña explanada donde están las oficinas de las empresas que ofrecen los “tours balleneros”. Yo contraté mi viaje con la compañía que según el horario de visitas, antes iba a zarpar, no recuerdo muy bien el nombre pero creo que se llamaba Gentle Giants. Como mi barco no salía hasta el medio día y todavía faltaba una hora, decidí buscar un lugar con Wifi para poder escribir. Justo bajando hacia el puerto por unas escaleras uno se encuentra con una especie de café-bar y tienda de recuerdos, acogedora y bien decorada con motivos marineros. Entré, pedí un café e hice hora sentado relajadamente, ignorante por completo de la que se me venia por delante…

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Había que estar 10 minutos antes de la hora, y allí estaba yo puntual y a la hora convenida. Lo primero que te dicen es que lleves guantes y calzado apropiado (yo tenía unos de lana que me había comprado para la visita a el glaciar) y las zapatillas de trecking que no eran muy impermeables pero era lo único que tenía. Lo segundo que te dicen es te pongas un traje térmico que te ofrecen, tipo buzo y bastante tocho, del que no supe su verdadera utilidad hasta que me encontré en alta mar. Los tenían al mogollón tirados sobre la cubierta de barco, y cada uno debía buscar su talla. Me probé el primero que encontré, pero era una XL y con aquella talla parecía una mezcla de Don Pin-Pon y Robocop… No se trataba de estar divino para la ocasión, pero si un poco digno, por lo que me lo quité y busque una talla L.

Partimos de puerto con el mar en calma, la gente preparaba sus cámaras y mientras el barco se alejaba, hacíamos fotos del puerto y la bahía. Todos tomaban posiciones en el barco, varias parejas en el castillo sobre el puente de mando, otra pareja en la proa, casi sobre la roda, hacía posturas en “plan Titanic”, y justo detrás un grupo sentado en unos pequeños bancos, ocupaban los mejores puestos. El guía, un chico joven de unos 25 años, nos presentó la tripulación en plan concierto… comentar que el capitán era clavado al capitán Hakad, tenía hasta el jersey de lana gris de punto gordo y cuello alto, solo le faltaba la pipa… Nos saludó con una media sonrisa, levantando la mano como si fuera la reina de Inglaterra, mientras, el guía seguía con sus explicaciones.

– Durante el viaje no esta permitido hacer esto y aquello, no se puede subir aquí y allá, dejad las mochilas dentro de la bodega para que no se mojen, y si vais a vomitar por favor no lo hagáis en el baño hacerlo por la cubierta y nunca en contra del viento, ah! que sea preferiblemente por la popa – …

– Jajajaja que cachondo es este tío -, pensé para mis adentros… Aunque nada más lejos de la realidad, aquellas palabras, que me parecían hasta graciosas, minutos más tarde se grabarían a sangre, sudor y lágrimas en mi memoria. Nos comentó además los tipos de ballenas que se hallaban en aquellas aguas, la ballena azul, la jorobada, la minke, las marsopas… así hasta 23 tipos. Después de esto nos informó sobre cual iba a ser el método de localización de los cetáceos, vamos el mismo que se emplea en las pelis de aviones de guerra, esto es, a las 9, a las 12, a las 3 y a las 6, la proa (parte delantera) son las 12 y la popa (culo del barco) las 6.

Todo estaba controlado, así que no cabía mas que esperar hasta llegar al punto de avistamiento. Yo estaba sentado cacharreando con la cámara, me la había traído por que quería echar alguna foto de ballenas saltando o haciendo piruetas (ignorante de mi). Dejé la cámara a un lado, ya que aquello comenzaba a moverse más de la cuenta y me costaba poner atención a los detalles. Levanté la cabeza, miré hacia al castillo y había desaparecido parte del grupo que allí había minutos antes. El mar estaba cada vez más picado, y con cada vez más frecuencia la proa del pesquero cortaba a cuchillo las olas, provocando que agua entrara en cubierta como si nos cayera a jarros. La pareja del Titánic se había sentado a mi lado hacía unos minutos y los bancos de proa estaban ahora vacíos y completamente mojados.

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En esos momentos comenzaba a sentir un cierto mal estar, me sentía raro e incómodo…vamos, en el fondo, y aunque no quería admitirlo, la palabra que definía cómo me sentía, era mareado, mejor dicho, bastante mareado. Un par de niños acompañados por sus madres desfilaron delante de mi dando tumbos en dirección a la popa, parecía que el tema del mareo comenzaba a tener sus efectos… Yo, a la vez que daba saltos sobre mi asiento, intentaba concentrarme y respirar profundamente, pero esto no era suficiente y cada vez me sentía peor. Miré hacia la cabina de mando, y allí con la mirada concentrada y fija en el horizonte, el capitán Hakad giraba con brío el timón. Justo en aquel momento comencé a recordar los tiempos del colé, cuando íbamos de excursión en unos autobuses que al arrancar, soltaban unas zorreras de humo negro que si te pillaban de lleno, te mareabas sin ni siquiera subirte a ellos.

El guía nos explicó que hacia el norte había una isla donde se veían puffins (frailecillos), y no sé qué pájaro o gaviota que nos sobrevoló hacia tal o cual cosa…yo no hice ni caso, estaba concentrado en lo mío con la mirada perdida y al frente. Poco después y en medio de un auténtico oleaje llegamos al punto de avistamiento, lo supe por que dando tumbos entre las olas, había lanchas fueraborda y otros barcos similares al nuestro.

Hay un dicho que dice; “la mejor manera de resistir a la tentación, es ceder a esta”… no sé muy bien lo acertado o no de estas palabras, pero mientras me sujetaba el estomago con ambas manos, sentía cómo esa frase comenzaban a cobrar sentido en mi interior. Empecé a notar como el café con leche, y las tostadas del desayuno pedían paso libre dentro de mi, entendí que en cualquier momento tendría que visitar la parte trasera del barco y con ello perder mi dignidad. Aquel momento llegó justo cuando el guía decía – ¡Ballena a las dos! –, me levanté y me dirigí a la popa agarrándome donde podía. Al llegar, encontré media docena de personas haciendo lo mismo que yo me disponía a hacer,…Ahí estuve durante un tiempo, el necesario hasta que quedé limpio por dentro (o eso creí yo).

Esta foto no es mía pero así se ven

Esta foto no es mía pero así se ven

Después de aquello me sentí algo mejor, y entonces el guía de nuevo dijo, – ¡Ballena a las dos! -, fue en ese momento cuando vi mi primera ballena, era una jorobada, lo cierto es que aunque únicamente le viera el lomo y que estuviera en un estado físico tirando a lamentable, la visión de aquel animal me impresionó. Permanecía sentado lo mejor que podía, pese a que mi asiento pareciera una especie de potro mecánico, salvo que en este caso uno no podía decir aquello de, “paren aquí que me bajo en la próxima…”. Me fijé en el resto de barcos, había una par de pesqueros igual al nuestro, no sé muy bien por qué pero justo ahí me acorde de la canción de Milikito y su “barco de cascara de nuez”, el oleaje los movía como corchos sin sedal, uno tenía la impresión que en cualquier momento iban a ser tragados por el mar… Nuestro barco era igual que aquellos dos, por lo que pensé que nuestra situación no sería mucho mejor… eso es lo que en aquellos momentos pensaba, al mismo tiempo que tragaba saliva…

Vi un par de ballenas más, pero aquellas que no había que girar más de 90 grados la cabeza, mi prioridad en esos momentos era no tener que visitar de nuevo la popa, aunque desgraciadamente fue algo que no puede evitar. Minutos más tarde, me encontraba de nuevo perdiendo mi dignidad entre los mareados más extremos, una de las cuales era la “chica del Titánic”. Así seguí, amarrado a la barandilla de la popa hasta echar la comida de mi primera comunión. Mientras, de fondo se escuchaba al guía gritar; – ¡ballena a las 9! -… – ¡ballena a las 12! -. Hubo un momento en el que dijo – ¡ballena azul a las 6! -. Lo cierto es que, si en ese momento hubiera gritado “- ¡dorada al horno! -“ me hubiera dado exactamente igual. Yo en lo único que pensaba, era en no manchar la bandera del barco, que el viento empujaba contra mi cara, cada vez que mi estomago intentaba evacuar.

Al final, de puro agotamiento, me quedé medio dormido , desperté casi entrando en las aguas más tranquilas de la bahía de Skjálfandi, tenía las manos y los pies como témpanos de hielo, mi estado físico era penoso, me sentía como si acabara de recibir una paliza de un grupo de Latín Kings. Finalmente llegamos a puerto, creo que lo único que pensaba era en entrar en calor, me fui al coche y puse la calefacción a tope, y ahí permanecí enchufado a los extractores del aire, hasta que comencé a recobrar temperatura. Volví al café y cuando se me asentaron medianamente las tripas, me arreé un bocata de atún como Dios manda, y es que había que volver a llenar lo vaciado.

Lago Mývatn

Lago Mývatn

Tenía pensado ir al lago Mývatn y a sus baños, pero mi estado era tan penoso que me daba lo mismo saltarme todo el itinerario de aquel día, finalmente tomé rumbo sur y me dirigí al lago… Aproximadamente unos 30 km antes de llegar, encontré a dos chicas haciendo auto stop Anna y Mari, una alemana y otra francesa, que se dirigían como yo a las fumarolas de Namafjall. – ¿Sois amigas? – les pregunte… Si me dijeron, bueno realmente nos hemos conocido haciendo autoestop, compartimos parte del camino pero luego yo me voy al este y ella se va al oeste me dijo Anna… Vaya me dije a mi mismo, mucha más gente de la que pensaba viaja sola, y es que no deja de ser una manera interesante de conocer nueva gente…

Pasamos por el lago Mývatn, Llegamos a las fumarolas de Namafjall bajamos del coche e hicimos el recorrido, se trata de un área geotermal plagada de volcanes de lodo hirviente, solfataras y fumarolas. Hay un pequeño camino marcado con cuerdas de aproximadamente 20 minutos que recorre el área, la zona es interesante, se trata de un paisaje como sacado de otro planeta, chimeneas humeantes, charcos burbujeantes y la tierra amarilla quemada por efecto de los sulfatos…

Tras visitar la zona me despedí de Anna y Mari, quería visitar una de las grietas de aguas termales que había en la zona, y ya que no había podido bañarme en los baños, poder hacerlo en la grieta. En la zona hay dos de estas grietas Stóragjá y Grótagjá aparentemente la temperatura de estas aguas está entorno de los 60 grados, pero con el tiempo se han ido enfriando e incluso hoy en día, y aunque no está permitido, se puede practicar el baño. Yo quería bañarme en la primera, preparando el viaje vi un enlace en Internet que me maravilló, pero no hubo forma de encontrar el lugar, no existía ningún tipo de indicación y en el mapa que llevaba tampoco aparecía nada.

Hay grietas de agua caliente donde poder bañarse… mira, es alucinante

Finalmente me dirigí a Grótagjá, se trata de una pequeña gruta con una pequeña cavidad por la que se accede. Grandes bloques de piedra se amontonan en su interior entre los que una pequeña laguna de aguas burbujeantes color turquesa, reflejan la poca luz que se cuela por la entrada. Me descalcé y metí los pies y las piernas, no sé a qué grados estaría el agua pero a esa temperatura no creo que nadie se bañara, lo bueno de aquello es que sirvió para entonar mi cuerpo y hacer que éste entrara en calor.

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Otra vez finalizaba mi jornada tarde, tenía una hora por delante si quería hacer noche en Akureyri y aun debía encontrar hotel. Siempre piensas que no encontraras un hotel a esas horas pero esas preocupaciones pasan a un segundo plano cuando te pones en marcha, contemplas el paisaje y piensas que todo saldrá bien.

Pocos kilómetros antes de llegar a Akureyri encontré varios hoteles en la carretera, pensé que era buena idea no entrar en la ciudad a esas horas, paré en uno que tenía buena pinta, pregunté y tenían habitación libre, aunque eso si, un poco cara, pero el recepcionista hacia las funciones de barman por lo que era posible tomarse una viking sin ningún tipo de prisas. Cené mi repertorio de sándwiches habitual, y me tomé esa cerveza mientras contemplaba de nuevo el sol de media noche tras los fiordos del norte islandés, escribiendo este blog y a aquellos que pese a no estar presentes, desde la distancia me acompañaban.

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Cuarto día (por el fuego)


La vuelta a Islandia en 8 días (29-06-2015)

Cascada de Hengifoss pueblo de Seyðisfjörður cráter de Hrossaborg, y saltos de Selfoss y Dettifoss.

El hotel era confortable y acogedor, y lo más importante, tuve la oportunidad antes de ir a dormir, de tomarme relajadamente una cerveza “viking” mientras escribía este blog y contemplaba el lago desde el salón del hotel. Aquella noche dormí en cama, cosa que agradecí, la cama era alta y el colchón mullido, con edredón de estos nórdicos y baño propio. En definitiva, esta bien eso de que a uno le entre de vez en cuando el ansia aventurera, pero mis huesos están ya algo duros para dormir en el suelo.

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Ya por la mañana, desayuné bufet libre, y es que cuando uno esta de vacaciones y el desayuno se sirve a mesa puesta, no hay nada lo suficientemente importante que no pueda esperar… Así que, sin prisa pero sin pausa probé de todo un poco, incluyendo el famoso yogurt Islandés, llamado skyr, que sabe al griego de Danone, pero un pelín más denso. En este tipo de viajes uno no sabe cuando será la próxima comida que va a hacer en condiciones, por lo que en plan jubilado de Benidorm, me dedique con desenfreno a saquearlo todo.

Mi primera visita aquel día sería a la cascada de Hengifoss, se trata de la tercera más alta del país con 120 metros de caída. La cascada estaba situada a 10 min en coche desde el camping de Atlavik, y para llegar a ella había que hacer un treking de aproximadamente 45 min y otros tantos para volver. Se ascendía por un camino estrecho con una pendiente moderada que discurría en paralelo a el río encajonado en un cañón de piedra basáltica.

Mientras uno va ascendiendo, puede disfrutar de las vistas, tanto del lago Lögurinn como del bosque Hallormsstaður, así como de los meandros de los ríos que llegan desde las montañas abriéndose paso entre los espacios agrícolas que proliferan en el valle. En el camino uno se encuentra con pequeñas maravillas como la cascada de Litlanesfoss, que se puede contemplar desde varios puntos, y que llama la atención por que sus paredes se encuentran literalmente forradas de pequeñas columnillas basálticas.

Finalmente el camino desaparece y sin darte cuenta, te encuentras vadeando entre piedras el río, hasta llegar a Hengifoss, una catarata en el interior de un embudo de paredes basálticas. El lugar no es muy transitado, pero el estruendo del agua al chocar contra la roca (similar al reactor de un avión), lo llena todo. Las paredes del salto alternan la roca basáltica con franjas de color ocre rojizo, restos de materia orgánica fosilizada, señal de que en otro tiempo la isla tuvo un clima más templado.

Junto a mi, y contemplando también la cascada estaba un matrimonio de noruegos, recorrían también la golden route, pero a diferencia mía, lo hacían en caravana, y sin prisas, por cierto el marido era clavado a Amudsen (el primer hombre en llegar al polo y también noruego). Tras una pequeña charla y el correspondiente foteo mutuo, el matrimonio comenzó a construir una especie de montañita con piedras, una piedra sobre otra, bien alineadas y en tamaño decreciente. Es curioso cómo en cualquier lugar de este país, te encuentras con este tipo de montañitas. Pasa algo parecido que con los pozos de agua, en los que todo el mundo echa monedas… Les pregunté qué significado tenía la montaña, y tras encogerse de hombros, ella me contestó que era para hacerse una foto…

El día apremiaba y como siempre iba con retraso, mi siguiente destino era Seyðisfjörður, un pequeño pueblo situado en el fiordo con el mismo nombre. Para llegar, había que atravesar el fiordo, en cuya cumbre nevada en pleno verano Islandés, había un lago totalmente helado. Lo realmente hermoso de este pequeño pueblo era poder divisarlo desde lo alto del fiordo, la pena fue que aquel día apenas pude contemplar el paisaje, ya que una espesa niebla cubría su parte media y alta.

Conduje por el pueblo durante unos diez minutos, llovía y hacia frío, por lo que con aquel panorama uno tenia ganas de todo, menos de ser intrépido. Observe numerosas casas de madera de vivos colores en buen estado, recuerdos tal vez de los tiempos en los que la población fue una importante capital portuaria. Uno de los edificios principales es su iglesia de madera de color azul, aparqué justo en la entrada y me decidí a entrar. He de decir, que dentro de una iglesia vacía a menudo siento la misma sensación, siento como si todo comenzara a ir más despacio, suelo relajarme y en ocasiones, hasta me cuento que tal me va la vida… La religión oficial de Islandia es la protestante, eso se hace evidente, por que nada mas entrar uno se encuentra con un enorme piano de cola y un púlpito de tres metros de altura presidiendo el altar. Para los protestantes, la palabra de Dios es de gran importancia y la música se convierte en un instrumento para hacerla llegar a todos.

Regresé a mi camino por donde había llegado, y saliendo del pueblo a un par de kilómetros, pare para contempla otra cascada. Se trataba, de la cascada de Gugufoss, una pequeña cascada justo al lado de la carretera, no muy alta, no muy espectacular, pero estaba sólo, lo que hace que puedas disfrutar sin prisas del lugar y sentirte parte de el…

Atravesé de nuevo el fiordo y decidí comer en Egilsstathir y de paso intentar localizar un quemador de rosca. Egilsstathir es cabeza de comarca, cuenta con numerosos comercios, servicios y algún que otro restaurante. En aquel momento se me planteo un dilema, por un lado hacer una comida en condiciones, ya que en 4 días no había hecho otra cosa que comer bocadillos, ó hacer una comida rápida, para no retrasarme demasiado, en una especie de restaurante hamburguesería, que me encontré al entrar…. Finalmente me decidí por la segunda opción.

Hay ocasiones en las que uno recuerda lo mejor y lo peor de un hecho concreto, en este caso, este restaurante donde comí lo recordaré por haber comido la peor hamburguesa de mi vida. Lo cierto es que aunque no soy un apasionado de las hamburguesas, también recuerdo la mejor hamburguesa que he comido, en este caso en Amarillo (Texas), fue en una especie de cabaña de madera destartalada que se llamaba el Coyote… aunque bueno, eso es otra historia.

Me senté a comer mi hamburguesa avinagrada, bañada en mostaza y rellena de medio kilo de cebolla cruda. Mientras, veía una especie de programa tipo operación triunfo, similar a cualquiera de los miles de programas de este tipo que se pueden ver en cualquier país, donde los lloros, abrazos, suspiros, y demostraciones lacrimógenas varias están aseguradas. A mi lado había una pareja que al oírles hablar, supe que eran españoles. Se trataba de Encarna y Félix, una pareja que visitaba el país por segunda vez, y con la misma pasión que me narraron su experiencia recorriendo el país, me hablaron de su hotel rural “El Castañar Nazari”, y por la manea que me hablaron de éste, estoy seguro de que tiene que ser una maravilla…por lo que no dudaré en visitar. Me despedí de ellos para continuar con mi siguiente destino, que serían las cascadas de Detifoss y Gulfoss, aunque antes quería visitar el cráter de Hurgonfors

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Islandia es conocida como la tierra de fuego y hielo, había visto y estado en el hielo, por lo que ahora tocaba visitar algo relacionado con el fuego, y digo relacionado, por que fuego no había, ya que se trataba de un cráter inactivo, aunque eso si, serviría para hacerme una idea de lo que allí sucedió. Seguía lloviendo y el día estaba gris, encaré la carretera de salida de Egilsstathir y justo en la salida me encontré con Dimetry y Taras, eran dos chicos Ukranianos de unos veintipocos años, recuerdo que llevan chubasquero pero estaban empapados, y el gorro lo llevaban tan atado que apenas se les veía la boca y la nariz lo justo para respirar. No he visto en la vida subir a nadie en un coche con tanta rapidez como a ellos, tras decir que los llevaba…-“Llevábamos más de una hora esperando, y nadie hasta ahora nos ha parado”,-me dijeron aliviados.

Les comenté mi plan de viaje y decidieron acompañarme hasta las cataratas. Teníamos una hora de camino por delante, por lo que comenzamos a charlar. Me contaron que habían venido a la aventura, aunque sólo cuando me dijeron el dinero que llevaban encima (10 € por barba), me di cuenta de que su concepto de la aventura distaba bastante del mío. Para llegar con ese dinero hasta su vuelta a casa, hacían acampada libre y comían arroz, pasta, legumbres y cosas del estilo. Aunque la cosa no acababa ahí, uno de ellos (Taras), vino a Islandia con una oferta que encontró en vuelo solo de ida, con lo que ahora no tenía forma de regresar. -Vaya, realmente eres una persona aventurera-, le dije…-Bueno, más bien creo que soy bastante estúpido-, me contestó. Aquello me hizo reflexionar, y pensar que muchas veces lo que vemos en nosotros mismos, y lo que creemos que otros ven en nosotros, son dos cosas que distan mucho en la realidad.

Como podéis ver económicamente hablando andaban más tiesos que la mojama, pero tenían un pedazo camarón similar a los que tenían la pareja de rusos que había recogido dos días atrás. Dimetry, que viajaba de copiloto, empezó a enfocar el paisaje con el coche en marcha,… -Si queréis paro y echamos unas fotos-, le dije,… -No, no-, contesto con el ojo pegado al objetivo. -Estamos haciendo un documental en video sobre el viaje y nos gusta grabar con el coche en marcha,. Queremos subirlo al YouTube y si hay suerte, hasta puede que nos lo publiquen.

Llegamos a Hrossaborg, un pequeño cráter que en condiciones normales pasaría inadvertido entre tantos otros en Islandia, pero éste saltó a la fama por ser el lugar en el que se grabaron escenas de Oblivion, la última película de Tom Cruise. No he visto la peli, pero el cráter, al parecer, simula el estadio destruido de los Yankies. Aparcamos a unos 200 m de cráter, se trata de un lugar desolado, solitario sin apenas vegetación y cubierto de ceniza volcánica, pero a pesar de eso, hay algo curioso en este país, y es que siempre te encuentras unas florecillas color lila, que incluso crecen entre la ceniza. Trepamos hasta la cumbre y contemplamos el paisaje, en el centro del cráter había una pequeña laguna formada por el agua de las lluvias, y arriba en la cresta del cráter, se apreciaban las huellas de antiguas erupciones, cómo la lava había impactado en la corteza de tierra petrificada como si de metralla se tratara.

Dimos un paseo por el borde del cráter, entes de regresar de nuevo al coche, detrás de unas rocas fui a hacer aguas menores, y al regresar de la faena, me encontré a los ucranianos rodando en video. Uno grababa mientras el otro en la cumbre sobre unas rocas, hacia una especie de equilibrio en plan “karate kid”. Me aparté para no estropear la escena, y mientras lo hacía, me dije a mi mismo, … -¡Ese documental no me lo perderé, ni por todo el oro del mundo!-…

Para llegar a las cascadas de Selfoss y Dettifoss, existían dos alternativas, una ir por la pista de graba, 862 y otra ir la la vía asfaltada 864. Tome la opción más lógica, esto es, ir por la vía asfaltada, y después de 30 minutos llegamos al lugar. Me despedí de los ukranianos, tras intercambiarnos correos y teléfonos, les dije que me llamaran en caso de que necesitarán algo, comenzaron a andar con sus mochilas a la espalda mientras los observaba por el retrovisor, hasta que los perdí de vista al doblar la primera curva. El aparcamiento que daba acceso a las cascadas se encontraba en una llanura desolada cubierta de roca basáltica, me dirigí entonces por un camino señalizado y después de dos kilómetros aproximadamente llegue a Detiffos.

Dettifoss, tiene 45 m de altura y 100 m de ancho, se trata de la cascada más caudalosa de Europa, con 500 metros cúbicos por segundo. El color del agua contrasta con sus alrededores, una superposicion de capas de lava cubiertas por hierba, musgo y líquenes. La visión es impresionante y realmente uno siente que no puede dejar de mirar aquella enorme masa de agua cayendo al vacío. Busqué el mejor ángulo para contemplar la cascada y poder así grabar un vídeo. El acceso al borde del salto estaba cerrado por arreglos en el pavimento, pero yo, en un acto de insensatez (que Dios me perdone), salte la valla y llegue hasta el borde donde los minutos contemplando el lugar, pasaron como segundos.

A 1,5 km de distancia se encuentra otra cascada, en este caso la de Selfoss, el camino transita en paralelo al río que discurre encajonado en un cañón de unos 15 m de altura. La cascada se ve en la distancia y aunque el lugar es realmente hermoso, uno comienza a sentir que todo aquello le sobrepasa, tal vez sea una exageración pero, podría decirse que es algo similar a lo que en el arte se denomina síndrome del viajero o síndrome de Stendhal. Sumido en esos pensamiento hice unas fotos y abandone el lugar.

Todavía tenía dos horas de camino hasta Husavick, y lo peor, debía hacer la mayor parte del recorrido por una pista de tierra rodeada de matorral bajo, no se venia nada ni nadie en la distancia, y eran contados los coches con los que te cruzabas, cruce los dedos para que el coche no fallara o tuviera algún pinchazo, en esos momentos pensé que tenía que ser divertido espera a la grúa en mitad de la nada, y aunque éste tipo de pensamientos me asaltaran de vez en cuando, al conducir por aquellos lugares uno siente una sensación de bienestar difícil de expresar.

Tras casi tres horas de viaje, llegué a Husavick, no tenía donde dormir, seleccioné el primer hotel que apareció en mi Tomton, éste me llevó hasta la dirección en cuestión, pero al llegar allí, no encontré ni rastro de hotel (vamos, lo normal en un navegador desactualziado por más de 4 años), lo que si vi fue lo que parecía una casa de huéspedes a unos 100 metros calle arriba, “El árbol” se llamaba, entré, pregunté si tenía habitación libre y afortunadamente les quedaba una, ¡bien! pensé, y es que… siempre es bueno que tus pasos te lleven a donde desees llegar.

Tercer día (icebergs)


La vuelta a Islandia en 8 días (28-06-2015)

Parque Nacional de Skaftafell, Cascada de Svartifoss, Lago Jökulsárlón

El día amaneció como había terminado el anterior, nublado aunque algo menos ventoso, aquella noche el fuerte viento y la lluvia, habían zarandeado mi tienda 2 seconds como si fuera una acordeón, aunque dentro uno siente una sensación de confort, difícil de entender, quizás la de saberse protegido del frío y la lluvia por algo tan sencillo como una simple tela y cuatro hierros.

Había varias duchas esparcidas por el camping, para ducharse había que utilizar unas tarjetas por las que previamente había que pagar. Es curioso, pero en este país desenfundan la tarjeta de crédito con la misma habilidad que Jhon Wayne lo hacía con su revolver, en cualquier lugar uno se encuentra con un lector de tarjetas, en esta ocasión y para el pago de la ducha, habían desarrollado un soporte para el lector, que ni los ingenieros de la NASA.

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Después de desayunar en la cafetería del camping, comencé como los días anteriores mi itinerario, y como venía siendo habitual, con tres horas de retraso sobre lo previsto. De alguna manera me sentía como Willy Fog, que siempre viajaba con retraso, pero que al final acababa siempre por recuperar. Bueno, lo cierto es que hacerse con un planing no tiene que servir para atarte a él, ha de servir como referencia, y como algo que nos ayude a aprovechar nuestro tiempo al máximo, y si a uno le apetece en algún momento saltárselo, pues lo hace y ya está.

Mi primer destino este día sería la cascada de Svartifoss. Dentro del parque existen muchas opciones para hacer treking, en centro de visitantes hay gran cantidad de paneles informativos sobre distintas rutas a elegir y si no recuerdo mal para ir a esta cascada hay que tomar el sendero S2. De camino, uno pasa por Hundafoss ó cascada de los perros, no me preguntéis el por qué del nombre, aparentemente se llama así, porque cuando había mucha agua (osea siempre), los perros resbalaban y caían al río, cosa que como veis no tiene mucho sentido…

El camino es una pendiente no muy empinada de unos 40 min de duración, calculo yo que 3 km (el doble si se vuelve por el mismo camino). A medida que se va subiendo se ve parcialmente el glaciar Vatnajökull y las vistas del valle cubierto de ceniza, así hasta llegar Svartifoss la cascada negra. No es la más caudalosa ni la más alta de Islandia, pero sí una de las más famosas. Recibe su nombre por el color negro de las columnas basálticas que la rodean, formadas por el enfriamiento de la masa de lava al solidificarse. La lava, cuando se enfría disminuye en volumen y comienza a cuartearse, esto lo hace siguiendo formas prismáticas, (generalmente hexagonales), vamos que aunque nos parezca extraño, todo en la naturaleza se rige por reglas matemáticas.

Islandia es tierra de leyendas, tierra de duendes, gigantes, hadas y trolls, y cuando uno contempla el lugar, y la disposición semicircular de las columnas en torno a la cascada, le da la impresión de encontrarse ante los tubos de un enorme órgano similar a los que cuelgan en el interior de las catedrales. Es entonces cuando uno cierra los ojos e imagina, si en algún tiempo remoto aquí llegara a tocar uno de esos gigantes…

En mi bajada y ya de retorno me encontré con la pareja de rusos, habían hecho un treking hasta lengua glaciar de Skaftafellsjökull, les pregunté qué tal, pero a juzgar por su caras, no me dio la sensación de que les hubiera impresionado demasiado, me despedí finalmente de ellos, y decidí poner rumbo hacia mi siguiente destino, la laguna de Jökulsárlón.

Jökulsárlón es una laguna de unos 18 kilómetros cuadrados formada hace 80 años cuando retrocedió el Breidamerkurjökull, otra de las lenguas glaciares del Vatnajökull. Está conectada al océano a través de un canal que permite a los icebergs que flotan en el lago llegar hasta el mar. En sus partes más profundas la laguna alcanza los 250 metros, convirtiéndose así en la más profunda del país.

La famosa laguna con sus icebergs flotando, no se ve desde la carretera, por que hay una pequeña colina que lo impide, pero hay un par de zonas de aparcamiento, con cantidad de coches aparcados, y donde suele haber coches aparcados, es señal de que hay algo que merece la pena ser visto. Aparqué y subí la colina, al llegar arriba uno se queda “helado” con lo que acaba viendo. Dediqué un tiempo a deleitarme con la visión y a sacar unas cuantas fotos, fotos también con el móvil por que las fotos de éste lugar, merecían la pena ser enviarlas por guasáp al final del día

Una vez pasado el puente por donde la laguna desemboca en mar, me dirigí a la zona de aparcamientos donde también hay un pequeña tienda-cafetería y los barracones de las empresas que ofrecen recorridos en barca por el lago. Tenía decidido contratar uno de esos paseos entre los icebergs, y así lo hice. El embarque no se hace en un muelle al uso, situado sobre el agua de la laguna, se hace en una muelle situado en dique seco, y es una especie de vehículo anfibio con ruedas que parece un plátano motorizado, el que te recoge, y te transporta hasta el agua y en que se realiza el paseo. En el momento de entrar con ese trasto en el agua, uno se siente como James Bond y estar al mando de uno de esos coches que se convertían en submarino.

Vehículo anfibio motorizado

Vehículo anfibio motorizado

A los pocos minutos de navegación y antes de llegar a la zona de icebergs la barca se detuvo y un guía procedió con las explicaciones de rigor. Nos contó cómo se había formado la laguna y retrocedido el glaciar (una combinación entre el calentamiento global y el contacto del agua de la laguna con el mar). Nos explicó también, el por qué del color azul de los icebergs, que básicamente es debido a que el hielo refleja todo el espectro de colores de la luz salvo el azul, y contra más compacto y “viejo” sea éste hielo, más intenso será el color azul. El guía, siguió explicando más cosas interesantes, mientras sostenía entre sus manos desnudas un pedazo de hielo de unos 5 kg, yo desconecté a los 10 minutos, no por que me aburriera, al contrario me parecía muy interesante, sino por que no podía dejar de pensar cómo hacia el tipo para aguantar con aquel pedazo de hielo sin inmutarse. -¡Dios mío pareciera que no tuviera nervios en las manos!-…pensé.

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Comenzamos nuestro paseo entre los icebergs, cuando de repente suena el teléfono,. -¿Quién sería me pregunté?., aunque para mis adentros sabía que únicamente podía ser una persona… mi madre. Efectivamente, así era… -¡Por Dios!- me dije, esta mujer me llamaría aunque le hubiera dicho que me he ido a la Luna… Lo puse en modo silencio y para disimular le pregunté al guía a modo de guasa, si con ese pedazo de hielo se podría hacer unos buenos gintonic, me contestó que había mucha gente que traía botellas de los mejores whiskys para preparárselo con el mejor hielo, que según él era el hielo del glaciar.

Aquel día no tenía planeadas más visitas, y quedaba un largo camino hasta el bosque de Hallormsstadur, a unas 5 horas en coche hacia el noroeste y donde tenía intención de hacer noche si no se torcían las cosas. Pasada la ciudad de Höfn, vi un letrero en el que se indicaba “viking café”, al que se llegaba por un camino de graba, que se desviaba de la carretera y que bordeaba la costa. No iba bien de tiempo, pero me pudo la curiosidad. El camino era inquietante, a un lado las faldas de una colina de ceniza negra, desteñida con el verde del musgo que había comenzado a trepar por ella. A otro lado la costa rocosa, oculta por bancos de niebla, y poblada por cantidad de aves marinas, y por bandadas de cisnes.

Llegué al “viking café”, pero estaba cerrado, era un lugar extraño, y me recordó a la posada del Templario del Camino de Santiago, regentada por Tomás, “el último caballero templario”, en Foncebadón (León). El café estaba construido con tablas de madera, y en el porche y esparcidos pero el suelo, huesos de ballena, bollas de mar y todo tipo de cachivaches marinos decoraban el lugar. Daba la impresión de que en cualquier momento, el capitán Hadock fuera a salir a recibirte, e invitarte a un café. Una lastima que estuviera cerrado, seguro que no tiene desperdicio tomarse allí ese café mirando al mar.

De nuevo en camino, me entró el ansia del “fotógrafo pofesional”, todavía no había sacado ninguna foto a los famosos caballos islandeses, y era algo que no podía dejar pasar. Los caballos islandeses son caballos pequeños y robustos, pero bien proporcionados y hermosos. Desde la carretera se les suele ver trotar por el prado, y realmente llaman la atención verlos al galope y cómo el viento remueve sus largas melenas sobre sus frentes. Vi una granja donde descansaba una manada, me bajé del coche y como buen español me colé saltando la vaya, me dirigí con mucho sigilo hacia la manada y comencé a hacerles fotos. La situación estaba controlada cuando dos de ellos se me acercaron a curiosear, pero cuando la mitad de la manada comenzó a acercarse pensé que una retirada a tiempo es a veces una victoria.

De nuevo en el coche y pasado el pueblo pesquero de Djúpivogur (pueblo que tenía intención visitar pero que no hice por falta de tiempo), uno se encuentra con la visión del monte Búlandstindur, una especie de pirámide formada por capas de basalto de 1070 m de altura, y que es todo un símbolo para los habitantes de la comarca. Paré a hacer las fotos de rigor pero estaba tan nublado que me tuve que conformar con las fotos de un prisma en vez de una pirámide.

Seguí mi camino, estaba cansado por las cuatro horas de viaje que llevaba, pensando que nada interesante me podía pasar ya aquel día, cuando de repente en la distancia, vi ante mis ojos una manada de renos, bordeando un río. -¡Vaya!-, me dije, no irá a aparecer ahora Papanoel… Aparentemente los fiordos Islandeses del este, son tierra de renos salvajes… Yo lo desconocía totalmente… y es que, lo bueno que tiene a veces viajar, es no saber con qué sorpresa te vas a encontrar.

Tras más de 5 horas de viaje llegué al camping de Atlavik, situado a las orillas del lago Bingvallavatn (el más largo de Islandia con 83 km de longitud), en el bosque de Hallormsstadur. Esa tarde hacia frío, estaba cansado, no tenía apenas comida y el fuego se me resistía, para colmo el camping no tenía ducha y menos la posibilidad de tomar una cerveza, por lo que decidí buscar un hotel y dejar mi aventura campera para otro día.

Segundo día (por el hielo)


La vuelta a Islandia en 8 días (27-06-2015)

Cascada de Seljalandsfoss y Skogafoss, glaciar de Solheimajokull

El día siguiente amaneció soleado, y como todavía no tenía fuego, me fui a la cantina a intentar preparar algo para desayunar. La cocina comedor era muy pequeña, (tres mesas y dos fogones) y éramos muchos los que intentábamos desayunar al mismo tiempo. Cuando llegó mi turno, prepare café y calenté leche, y como no era cuestión de tomarlo de pié me senté en la única silla que quedaba libre en una de las mesas donde estaban sentados tres moteros de unos cincuentaitantos años.

Les pregunte si me podía sentar con ellos, al no decir ni si, ni no, yo aquello lo interpreté como un si y me senté. Eran más anchos que largos y llevaban los tres coleta al estilo Thor, y no me refiero el Dios Vikingo si no a el marido de la Elsa Pataky. Hablar, no hablaron mucho, pero uno me ofreció chorizo que por lo duro y lo oscuro parecía de jabalí. Yo les ofrecí manzanas, -from Spain- les dije… Aunque en realidad las había comprado en los grandes almacenes de Reykjiavik.

Recogí todos los bártulos y me dirigí a visitar la cascada, el día era fresco y soleado, aunque con algunas nubes, las suficientes para que la luz del sol dibujara distintos paisajes en un mismo lugar, colores verdes y ocres en sus distintas tonalidades iban y venían como si de un calidoscopio se tratara. Días como ese son un verdadero regalo para aquellos que visitan el país, e incluso para los propios Islandeses acostumbrados a su clima frío, húmedo y lluvioso.

Seljalandsfoss, es una cascada de 60 metros de caída, su principal atractivo es que existe un camino que la recorre por detrás y que es obligatorio hacer si se quiere realmente apreciar la belleza del lugar. Para ello es necesario ir con ropa impermeable, y aún así, es seguro que acabaras mojado, pero merece la pena contemplar esta maravilla desde todos los ángulos posibles, y es que el lugar parece sacado de una postal de cuento de hadas.

Mi segunda parada ese día, sería otra catarata, en esta ocasión la cascada de Skogafoss, que se encuentra muy cerca, a unos 30 km al este. Antes de llegar uno deja a su izquierda y en la distancia, la visión del posiblemente volcán más famoso de Islandia, se trata del Eyjafjallajökull, el volcán que entro en erupción en el año 2010, y que paralizó durante días el tráfico aéreo en Europa. También es el volcán que aparece en la película de Walter Mitty. Recuerdo que en aquel entonces, los presentadores de los telediarios se referían a él como, “el volcán de nombre impronunciable”, lo cierto es que tiene su miga acordarse de estos nombrecitos, (yo tenía que tirar siempre de mapa cada vez que quería decir hacia dónde me dirigía), pero en el fondo tiene una lógica simple, es la misma que utilizan los indios para nombrar personas o cosas, algo así como “De pie con el puño en alto” en la película Bailando con lobos… pues en este caso Eyjafjallajökull, significa algo parecido a “El glaciar aislado en la montaña”.

Al poco de dejar atrás el volcán, uno se encuentra escuchando música relajadamente en el coche, cuando sin previo aviso y tras dejar una colina atrás, uno se encuentra con la visión de Skogafoss, una de las más famosas cascadas de Islandia. Tiene una anchura de 25 metros y una caída de 60. Normalmente en días soleados como aquel, es visible un arco iris simple o doble debido a la cantidad de espuma que se produce. Según la leyenda, el primer colono vikingo en la zona, Þrasi Þórólfsson, enterró un tesoro en una caverna detrás de la cascada. Años después un chico local encontró el cofre, y al ir a cogerlo, fue capaz solamente de agarrar una de sus arandelas, el resto desapareció tras la cascada para siempre.

Skogafoss es grandiosa, se contempla desde la base y se puede admirar al detalle, lo haces de abajo a arriba, subiendo por un camino que llega hasta el inicio del salto, Merece la pena subir hasta lo alto, y admirarla sin prisas mientras se sube. Finalmente uno deja el lugar con la sensación de haber visitado la catarata perfecta.

Mi siguiente parada será el glaciar de Solheimajokull donde tenía intención de hacer un treking. Contrate la excursión en un centro de información en el mismo Skogafoss, hay varias compañías con las que contratar, se pude hacer con antelación vía internet, pero yo recomiendo no hacerlo ya que hay oferta de sobra y a uno se le pueden torcer los planes y perder la excursión. Había que presentarse en el lugar 30 minutos antes del inicio, el punto de encuentro se sitúa al final de la 221, un pequeño ramal a la izquierda de la golden route, a unos 10 minutos en coche al este de Skogafoss.

En el punto de encuentro nos esperaba Xavi, un guía español que llevaba 2 años trabajando en Islandia, había cambiado su anterior empleo en una oficina, por el de guía, le gustaba mucho lo que hacía ahora, y aunque las condiciones climatológicas muchas veces no acompañaban (había días que el viento alcanzaba 300 km por hora, llegando en una ocasión a volcar uno de los barracones de su empresa), disfrutaba mucho en su actual trabajo.

Tras hacer un pequeño treking de 2 km llegamos al glaciar, es una imagen sobrecogedora, y distinta de lo que uno piensa se encontrará, ya que no es un glaciar al uso, esto es, blanco en su totalidad, se trata de una enorme mole de hielo cubierto por capas de ceniza volcánica. Xavi nos contó que en invierno el glaciar es completamente blanco por que la nieve acaba por cubrirlo todo, pero que en verano con el deshielo, quedan al descubierto las capas de ceniza volcánica. Este peculiaridad hace que los glaciares de Islandia sean únicos en el mundo, el paisaje parece de otro planeta, de hecho las imágenes de uno de los planetas de la película Intelestelar (el planeta helado), esta rodado en el glaciar Vatnajökull, también en Islandia y que se cuenta por ser el más grande de Europa y al que me dirigiría al final del día.

Imagen Película Intelestelar

Imagen Película Intelestelar

El grupo de treking lo formábamos una pareja de canadienses, una pareja de americanas, un grupo de tailandeses, el guía y un servidor. A los tailandeses los llevábamos a remolque, y una de las chicas perdió las gafas en el glaciar (ya las has visto pensé para mis adentros), pero lo que son las cosas, a la vuelta me las acabé encontrando en una grieta del glaciar, al llegar al final de la excursión me lo agradecieron tanto, que un poco más y me ponen incienso y velas.

Si hasta la fecha el tiempo había sido bueno para tratarse de Islandia, mientras me dirigía a los acantilados de Vik y a su playa negra, el día comenzaba a ponerse bastante feo, el cielo se cubrió de nubes de temporal, y un fuerte viento azotaba desde la costa. Mi visita a Vik fue breve, ya que apetecía mas estar dentro del coche que fuera, al parecer es zona de frailecillos y focas, pero yo no vi ninguno. Recuerdo el paisaje en el horizonte del mismo color que la arena de su playa, gris oscuro, casi negro.

De nuevo en camino y al poco de dejar Vik, pare a una pareja que estaban haciendo auto-stop bajo la lluvia, se trataba de dos rusos (Andrey y Lena), me dijeron el nombre de la ciudad de dónde procedían, pero lo mismo me lo hubieran repetido mil veces, que mil veces, lo hubiera olvidado, vamos, para recordar, peor que los nombres islandeses.

– Where are you from?- me preguntaron… -Do you Know Pamplona?-, respondí… no me contestaron, -Do you know the festivity where people run in front of the bulls?- …. Ahhhh si, contestaron… Pues eso, les dije, esta justo al lado de la famosa Ciudad de Corella que es de donde soy yo….si es que los que somos de Corella nos pueden estas cosas…

Ellos se dirigían igual que yo al parque Nacional de Skofargos, a unos 100 km hacia el este, el tiempo cambiaba con la misma velocidad con la que cambiaba el paisaje, y llega un momento en el que uno piensa que pronto dejará de ver paisajes hermosos, pero eso no sucede, y es cierto, en este país uno nunca deja de estar dentro de una postal. Andrey y Lena llevaban consigo unos camarones (y no precisamente de la Isla, sino de fotos), que ya los quisieran para si los del Nacional Geographic. Como íbamos bien de tiempo y les vi con ansia de hacer fotos, paramos varias veces para quitarnos el gusanillo.

Me comentaron que les gustaba mucho la música que llevaba en el coche, les dije que había hecho un CD de música que fuera con el país. Me gusta viajar conduciendo, tener la libertad de ir o parar donde a uno más le interese, creo que conducir es ideal para descubrir cosas que uno no se espera, creo además que hacerlo con la música adecuada, ayuda a disfrutar todavía más del viaje. Hacía un tiempo que habíamos encarado una enorme recta con el glaciar Vatnajökull de fondo, el cielo estaba cubierto de un gris plomizo, y de repente comenzaron a sonar los primeros acordes de “The misty mountain”, de la Banda sonora del “El Hobbit”, entonces escuche un Wow de la parte trasera del coche. La verdad fue, que aunque había escuchado ya cien veces esa canción, hacerlo con el mayor glaciar de Europa de fondo, no tiene comparación.

Glaciar Vatnajökull

Glaciar Vatnajökull

Llegamos al camping de Skofagos, les comenté lo de mi pelea con el camping-gas y el fuego, me comentaron que tenían fuego y también comida de sobra, así que esa noche cené con ellos, huevos fritos, beicon y de postre pastas y un chocolate ruso que no estaba nada mal.

Primer día (por el aire)


La vuelta a Islandia en 8 días (26-06-2015)

Parque de Þingvellir, Gesyr y cascada de Gullfoss

El viaje a Islandia pese a volar con Vueling, no planteó problema alguno, salvo por las tres millones de combinaciones que tenemos que hacer aquellos que no vivimos en Madrid o Barcelona. A la llegada al aeropuerto de Keflir, la sensación era extraña, pese a que era la 1 de la madrugada (dos horas más en España), todavía era de día, aunque con una luz gris apagada color plomo. Eso y la diferencia de temperatura de 25 grados respecto a España hizo que llegara un tanto destemplado.

Camping de selfavefagoss

Camping de selfavefagoss

Alquilé un coche con Reikiavik Cars, fue la primera compañía que encontré en un blog y cuya relación calidad precio parecía buena, como veis no me complique mucho la vida buscando comparativas. Las compañías habituales valen casi el doble, y algunas como Europcar el servicio deja mucho que desear. Lo malo de estas compañías locales es que están en unos pabellones a unos 500 metros del aeropuerto, hay que andar un poco, pero en mi caso mereció la pena. El tipo que me atendió (“el profesional” lo llamaré), lo hizo con mucha dirigencia… -Firme aquí y aquí, una copia para usted, otra para mi…-. Me mostró un croquis catalogando todos los tipos de golpes que tenía el coche (1, arañazo, 2 rayón, 3 graba y 4 bollo)… Venga usted y compruébelo Uds mismo… Me enseño con su debido tiempo todas las características de vehículo y todo en orden, salvo por un detalle, cuando hice la reserva no reparé en que el coche era automático.

Yo nunca he conducido uno de esos, y hacerlo a las cuatro de la mañana, en un país que no es el tuyo no es un buen inicio para un viaje. -No se preocupe-, me dijo el profesional, esto es para acelerar, aquí marcha tras, aquí el freno y ya esta… -Vamos como los autos de choque- le comenté. No sé si fue el ingles con el que lo dije, utilizando una palabra totalmente inventada (“crashing-car” ó algo así) ó si era por que desconocía los autos de choque, la cuestión es que al profesional no le hizo ninguna gracia el comentario… En fin, di tres vueltas alrededor del parking a modo de entrenamiento y listo, todo controlado.

La primera noche contrate un hotel cercano al aeropuerto, situado a unos 5 km de éste, lo malo fue que todo lo que tenía de económico lo tenía de feo, parecía un búnker de la época soviética. Para poder entrar te daban un código y en la entrada se indicaba autocheking, no supe qué quería decir eso hasta que vi mi nombre en un sobre y una llave dentro. A la mañana siguiente el desayuno también era automático, una máquina de café y otra de autovending, la única mesa del salón la compartí con una pareja de le letonios, ellos también comenzaban su viaje, me invitaron a una especie de queso trenzado que sabia a mozarella y yo a un pedazo de biscuit gigante de chocolate que había comprado en la máquina de vending.

Mi primera salida en tierra Islandesa seria a unos grandes almacenes llamados Klirgam, a 30 km del aeropuerto, situados en las afueras de Reikiavick. Eran del tipo a cualquiera que te puedes encontrar en España, de hecho es que si no fuera por que había más rubios de lo habitual nadie diría que no te encuentras en España. Compré comida, la botella de butano para el camping gas y por curiosidad una especie de taza-termo que todo el mundo usa en este país, al principio no supe para qué podía servir, pero que resultó ser muy práctica para tomar un segundo café, todavía caliente, en el coche, al inicio de cada día.

Con tres horas de retraso sobre el horario previsto comencé el verdadero viaje, mi primer destino, el parque Nacional de Þingvellir, que significa “Llanura del parlamento”, no sé si era por el buen tiempo ó por que es el primer destino turístico natural si empiezas tu viaje en Reikiavick, la cuestión es que el lugar se encontraba lleno de turistas, pero lo peor fue cuando vi llegar dos autobuses llenos de chinos, trague saliva y comencé a pensar que…. tal vez si moriría electrocutado por el flash de alguna cámara.

Debido a su importancia histórica y natural Þingvellir fue convertido Parque Nacional en 1930. Esta llanura es la zona emergente de la dorsal del Atlántico Norte, unión de las placas tectónicas americana y euroasiática. En los últimos 10.000 años la corteza terrestre se ha estado separando y hundido en esta zona. La separación se estima en 70 m en ese periodo, a razón de unos 3 mm al año, mientras que el suelo del valle se ha hundido alrededor de 40 m.

Comencé a recorrer el parque a través del camino que forma la falla parándome (como es natural en mi) en todos los carteles informativos, hasta que llegue a Lögberg, o la Roca de la ley, centro de las actividades del AlÞingi o parlamento, uno de los más antiguos del mundo, cuyo origen está poco antes del año 930 y que tubo especial importancia durante el periodo de la Antigua Commonwealth, entre los años 930 y 1264. En ella, el legislador recitaba en alto las leyes, antes de que hubiese registros escritos, delante de representantes venidos de todo el país una vez al año durante el verano. La parte legislativa del parlamento, Lögrétta, también se situaba aquí, siendo además el alto tribunal del país, promulgando leyes y dictando sentencias en disputas legales. No será hasta 1798 cuando el parlamento se traslade definitivamente a la capital.

Aquí fue también donde los islandeses adoptaron la religión cristiana entorno al año 1000 y esta relevancia ha permanecido en el tiempo, ya que acogió en 1930 el acto de promulgación de la Constitución y en 1944 la proclamación de la independencia de Dinamarca. En la actualidad una bandera de Islandia recuerda este hecho.

El parque esta bien pavimentado con rampas de madera, algunos puntos de interés son la cascada de Oxararfoss a 5 minutos del aparcamiento y la iglesia de Þingvallakirkga, cuya iglesia original fue una de las más antiguas del país. Como iba un tanto apurado de tiempo decidí continuar mi camino. Me dirigía ahora a la catarata de Gulfoss, pero antes pasaría por la zona de Géiseres de Geysir. De camino pare a reponer fuerzas, quise estrenar el camping gas pero resultó que la botella de gas que había comprado tenía la boquilla de rosca, mientras que el quemador que traía de España era un enchufe rápido, por tanto tuve que echar mano del socorrido bocata, lejos del mundanal ruido, encontré un rincón con paisaje, riachuelo y ovejas, ideal para reponer fuerzas.

En Islandia es bastante común hacer autoestop para visitar el país, sobre todo entre los más jóvenes (estudiantes principalmente). En mi camino a Geysir recogí a Ana, una estudiante checa universitaria que siempre había soñado con visitar el país, iba sola, con su mochila y sin mucho dinero. -¿No te da miedo viajar sola de esta forma?-…le pregunté. -A mi no pero a mi madre si…- me respondió. Uhmmm creo que de alguna manera entiendo más a tu madre que a ti contesté…A pesar de esto, siempre me dio la sensación de que en España (por lo menos hace 20 años), hemos vivido un tanto aislados, al contrario que en otros países donde el viajar a edades muy tempranas siempre ha sido algo habitual. Pienso que es bueno salir y conocer el mundo ya que es una buena forma acercarse a los demás.

Llegamos a la zona de géiseres llamada Geysir, la zona lleva el nombre del Géiser más grande de Europa y el segundo mas grande del mundo, solo por detrás del Steamboat en Estados Unidos. El Geysir alcanza alturas de entre 70 y 80 metros, pero actualmente esta en estado de aletargamiento y es impredecible cuando puede entrar en erupción, aunque en el año 2000 como consecuencia de un terremoto estuvo activo durante 2 días alcanzando alturas de 120 m.

El cuarto géiser mas grande del mundo se encuentra también en este área, el llamado Strokkur alcanza alturas entre 25 y 35 m, por contra es mucho más activo y regular, lanzando chorros ininterrumpidamente cada 10 minutos. La gente se arremolina alrededor y se convierte un verdadero espectáculo que emociona por igual a mayores y a niños, al final uno siempre quiere verlo en acción una vez más, antes de abandonar el lugar.

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Nos dirigimos después a la catarata de Gullfos, todas las cascadas de este país impresionan a primera vista, pero está especialmente ya que tras pasar un repecho, te la encuentras de repente, antes de verla ya sabes por el sonido del agua al caer, que te encontraras con algo espectacular, y desde luego la visión no defrauda. Por su grandiosidad se le ha denominado como las cataratas de Niagara Europeas.

Actualmente, Gullfoss es un símbolo de Islandia y un área protegida, aunque a principios del siglo XX sus dueños la arrendaron a empresas extranjeras para que explotaran la potencial fuerza hidroeléctrica, pero el proyectó fracasó por falta de fondos. Finalmente fue vendida al gobierno islandés, que continuó con los planes de explotar el caudal de Gullfoss, lo que habría arruinado los majestuosos saltos de agua para siempre, aunque el proyecto finalmente no se llevó a cabo, permitiendo que haya llegado hasta nuestros días, tal como podemos contemplarla en la actualidad

Hay varias teorías sobre el origen de su nombre, una tiene que ver con la luz de los largos atardeceres de verano que iluminan las aguas color café con leche provenientes del glaciar, dándoles así un color dorado. Otra teoría dice que su nombre es debido al arco iris que se forma en días soleados. Una tercera cuenta la leyenda de un foráneo, que poseía una inmensa riqueza en oro, no soportaba la idea de que tras su muerte este oro pasara a ser posesión de otros, por lo que decidió tirar el cofre al fondo de la cascada.

Después de esto, me despedí de Anna de camino la deje en su camping, me regalo un mechero, ya que olvidé comprar uno para el camping gas. Aunque esto no resolvía el problema de la incompatibilidad del quemador con la botella de gas, por lo menos era un paso más para poder tener fuego. Finalmente me dirigí dirección a la catarata de Seljalandsfoss, donde pasaría mi segunda noche en un camping al pie de la cascada. A mi llegada lo primero que hice fue montar mi tienda de campaña 2 seconds, no tenía instrucciones, pero creía recordar por el anuncio que se tiraba al aire y se montaba sola. Había acampado al lado de un grupo de jóvenes que viajaban en cuadrilla, no quise darme el pego tirándola al aire por si hacía el panoli con lo del anuncio, por lo que le di una patada así como disimulando y ella sola se montó…vamos, una maravilla del ingenio y de la ciencia.

El camping es pequeño pero tiene de todo, y lo mas importante una pequeña cantina donde pódete tomar una cerveza para relajarte al final del día. Por la noche y ya en la tienda de campaña, caer dormido con el sonido de fondo de la cascada, es una verdadera delicia.

La vuelta a Islandia en 8 días.


Mi viaje iniciará y terminará en Reikiavik  siguiendo el sentido contrario a las agujas del reloj. Este es el plannig previsto.

Viaje a Islandia Itinerario (descárgalo en Excel)

ISLANDIA LA TIERRA DE HIELO Y FUEGO.

Siempre me han gustado las piedras, …me explicaré mejor, siempre me gustó la historia y su relación con la piedra, esto es, yacimientos, monumentos, castillos, palacios, monasterios y catedrales… en fin todo aquello hecho de piedra.

Me gusta la piedra por que hace que todo lo que esté hecho de ella sea duradero, y es que detrás de lo duradero, siempre hay una historia que contar… Son lugares que parecieran querernos contar la vida de los que por allí pasaron y allí moraron. Qué sintieron, en qué creyeron y por lo que lucharon, en definitiva saber por qué y cómo llegamos hasta aquí. Es por eso que cuando viajo, entre mis preferencias siempre hay lugares, ciudades o países con “piedras”…aunque diré también que no en esta ocasión.

Islandia, es el país de hielo y fuego y será mi destino durante 8 días. Recorreré la isla a lo largo de su famoso “golden ring” empezando y acabando en su capital Reikiavik. Islandia tienen una población de 331 000 habitantes (la mitad por ejemplo que Navarra) y una extensión de 103 125 km² (10 veces la extensión de Navarra), por tanto salir a dar una vuelta y encontrarte con más ovejas que personas es una posibilidad muy elevada, ideal por tanto si se quiere disfrutar de la naturaleza en estado puro, en compañía de uno mismo, y sin peligro de caer electrocutado por el flash de alguna cámara.

MOTIVACION PARA VIAJAR A ISLANDIA

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Suelo preguntar o informarme antes de hacer ningún viaje, normalmente me gusta dejarme asesorar mediante el boca a boca, o en internet, en blogs o foros de viajes. Hace un tiempo me metí en un foro, y busque información y opiniones sobre Islandia. “No hay nada que ver, no hay nada que hacer, por no haber no hay ni un árbol, un aburrimiento de país”… Esta fue la primera opinión que encontré.

Normalmente (al menos en mi caso), cuando buscas información sobre un país, no lo haces por que quieras tomar una decisión, por que más que menos la decisión la tienes tomada ya. Lo haces por que quieres que te acaben de convencer… Lo cierto es, que opiniones como ésta te desbaratan todo un plan de viaje.

Al tiempo tomé un taxi, un trayecto de 80 km dan de sobra para tener una conversación con un taxista largo y tendido. Salió a colación el tema de los viajes (tema muy socorrido en estos casos). El taxista me comento que le gustaban países con naturaleza, “en plan salvaje” me dijo, le pregunte si sabía algo de Islandia. Fue entonces cuando me miró por el retrovisor con los ojos como platos, como si en ese preciso momento se hubiera abierto las aguas del Mar Rojo… -Increíble tío!, alucinante-, me contestó, -dos veces he estado y un tercer viaje preparo…- desde ese momento hasta el final de trayecto, la conversación se convirtió en un monólogo en el que lo único que yo hice fue asentir con la cabeza.

La segunda experiencia positiva fue con mi prima Cristina y su Marido Kike, él había estado dos veces ya, y ella una, y estaban planeando volver de nuevo. Lo cierto es que la mayoría de las veces, para que te convenzan de algo lo importante no es “qué te cuenten”, lo importante es “cómo te lo cuenten…” –Es como estar dentro en una postal permanentemente- me dijo ella. Creo que en ese preciso instante fue cuando acabé de tomar mi decisión.

QUE LLEVAR.

Personalmente Lo primero que suelo comprar es la guía del país, me gustan de esas con dibujos, planos, esquemas y montones de fotos, guías donde no haya mucho que leer… Al ser Islandia un destino no muy habitual no encontré de esas, pero si que conseguí una “guía azul” que mis primos me dejaron, estas guías son todo lo contrario que las que a mi me gustan, mucho que leer y ni un dibujo. Lo bueno que tenía esta, es que estaba hecha polvo, quiero decir, muy manoseada, por lo que si le daba trote (que a buen seguro se lo iba a dar) no se iba a notar demasiado.

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Los hoteles en Islandia son muy caros y nada lujosos, una media de 200 € noche en hoteles tipo Ivis. Por lo que, por un lado el precio y el tipo de hotel y por el otro que no sabía dónde acabaría cada noche, decidí ir en plan camping. En Islandia la acampada libre está permitida, hay buena oferta de campings, y el hecho de poder ver el sol de media noche en mitad de un paisaje de postal me hizo decantarme por esta opción.

Tenía previsto llevar mochila, pero el ir de camping hace que la cantidad de trastos y tarros que tenía que echar (linterna, hornillo, cubiertos, saco, esterilla), sea mayor de lo habitual. Si a eso se le une la necesidad de llevar tienda de campaña pues hace que al asunto haya que echarle un poco de ingenio. Me compre una tienda de campaña para dos personas, de esas quechua que parecen una paellera llamadas 2 seconds, (inicialmente iba a comprar de una persona, pero el tamaño y el peso eran similares), por lo que pensé, ande o no ande, caballo grande…

El tándem mochila tienda de campaña plantea el dilema de tener que facturar dos bultos, algo por lo que no estaba dispuesto a pasar… Intenté amarrar la tienda a la mochila, pero entre el saco, la esterilla, la cazuela, el plato y la tienda, parecía un hombre orquesta. Como iba a alquilar un coche para mi solo, decidí coger el maletón de los viajes largos y ahí pude meter todos los trastos y ropa…20 kilos clavados en facturación…

CONTINUARÁ…

Lago jökulsárlón

Lago Jökulsárlón

Caminante no hay camino…


Dicen que la felicidad se encuentra en la antesala de la espera…, pondré un ejemplo, para que esto, que dicho a palo seco, pueda entenderse mejor…

Recuerdo de niño que en el pueblo de mi madre, Castilruiz (Soria), una de las cosas que más me gustaba era acompañar a mis tíos o mi abuelo a echar de comer a los cochinos. Recuerdo que cada atardecer, al entrar por la puerta de la granja, los gorrinos se arrimaban a los barrotes metálicos de la corte mordiéndolos y zarandeándolos con el morro, agitándose y gritando cómo si la vida les fuera en ello…

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Desconozco si aquellos cerdos experimentaban algún sentimiento de felicidad, lo que si que parecía claro es que durante todo el día habían estado esperando ese momento y aquel alboroto de alguna manera, podríamos compararlo con la satisfacción que uno siente antes de conseguir algo que durante mucho tiempo ha estado esperado, o por lo que ha estado trabajando.

El camino, la vida, el viaje…todos son caras de la misma moneda cuya cruz es la espera, esperamos y cuando menos lo esperamos, encontramos… Eso es precisamente lo que me pasó hace unos días cuando conducía camino de Soria… El día era claro y luminosos, el cielo de un azul intenso y una fresca brisa se colaba por la ventanilla. El paisaje lo formaban enormes campos de trigo, cebada, y centeno … mares de tonos verdes mecidos por el viento.

Por suerte (y esto es algo raro en mi) viajaba con tiempo de sobra, por lo que me permití el lujo de conducir a la velocidad reglamentaria, o incluso por debajo… vamos, lo justo para evitar que me adelantaran camiones. Creo que esta es la velocidad ideal que a uno le permite admirar el paisaje y ser consciente de formar parte del lugar por donde pasa… Me gusta viajar por carreteras secundarias, de esas por las que uno nunca antes ha pasado, y es posible que nunca más vaya a pasar, carreteras donde tal vez, tras la próxima curva, uno encuentre algo que le sorprenda y le haga parar…

Así fue como casi llegando a Soria, me encontré con este lugar… Al principio dudas si parar a contemplarlo o continuar sin más complicaciones, pero de repente uno piensa…”de perdidos a río”…. es entonces cuando paras y acabas enamorado del lugar donde estas. Son de esos momentos en los que se entiende que lo importante no es conseguir una meta, sino el disfrutar con aquello que se deja atrás. Después de eso haces unas fotos, no muchas para no perderte el instante, pero las suficientes para llevarse un pedazo de esa experiencia… son de esas que hurgando en la memoria, a uno siempre le gusta recordar…

Castilruiz (Soria) el pueblo de mis abuelos

Castilruiz (Soria) el pueblo de mis abuelos

La foto la envié al Tiempo de TVE y la publicaron en el programa de Los Desayunos de la 1 del 18/05/2015 (minuto 29). Hay un concurso en el que si os gusta podéis votar por ella en el Facebook del Tiempo de TVE.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/los-desayunos-de-tve/desayunos-180515-0830/3131640/

PD: En realidad el lugar es Fuensauco, llegando a Soria… total nada, unos kilómetros más allá de Castilruiz

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